MASTERCHEF

Cuando la gastronomía se convierte en show

Desde hace algunos años el programa MasterChef se instaló en la grilla televisiva de todo el mundo y alcanzó un boom de audiencia. Sin embargo, esta idea original británica –que cuenta con versiones en los cinco continentes– también despierta críticas en todos los rincones. Más allá de ser un producto cultural de consumo masivo, vale la pena analizar cuál es el aporte que hace al sector gastronómico y si para los concursantes es una plataforma para iniciar una carrera profesional.

El reality show de origen británico MasterChef se convirtió en furor en todo el mundo, motivo por el cual países de los cinco continentes realizaron su versión local. De hecho, cosecha una audiencia de más de 200 millones de espectadores en las 145 naciones donde se transmite.

¿De qué se trata? De un certamen en el que un grupo de cocineros amateurs deben realizar diferentes pruebas, solos o en equipo. Así, quien no supera la “prueba de eliminación” al final de cada capítulo, queda fuera de la competición.

En algunos formatos les brindan técnicas de cocina, logrando una experiencia de aprendizaje para los concursantes. Pero eso no ocurre en todos los países, como es el caso de Argentina.

En Estados Unidos el ciclo comenzó a transmitirse en 2010 por la cadena Fox, con el reconocido chef Gordon Ramsay como productor y presentador.

Después del gran éxito televisivo de los programas Hell's Kitchen y Kitchen Nightmares, Fox decidió lanzar la versión estadounidense del programa creado por la BBC en 1990, y renovado en 2005.

En el resto del mundo se destacan las versiones de Francia, Inglaterra, Italia, Portugal, Alemania, Canadá, Israel y Marruecos, entre otras.

Un país donde fue un éxito absoluto y tiene al aire su tercera edición es España (lo transmite la televisión pública durante el prime time).

Allí los participantes viven todos juntos en una casa en las afueras de Madrid, sin Internet, teléfonos ni televisión, mientras se graban los 13 capítulos. Sin embargo, cuentan con el beneficio de recibir formación del instituto Basque Culinary Center de San Sebastián, del jurado y de otros expertos.

EN LA REGIÓN.

En el caso de Latinoamérica, ya son cinco los países que cuentan con versión propia: Argentina, Colombia, Chile, Brasil y Perú.

En el primer caso, el programa se estrenó el 6 de abril de 2014 con la conducción de Mariano Peluffo. Mientras que Donato de Santis, Germán Martitegui y Christophe Krywonis son hasta hoy los encargados de juzgar los platos de los aspirantes.

En su primera edición rompió con todos los esquemas. El reality de cocina compitió –e incluso le ganó– a la transmisión de los partidos de fútbol local. De modo particular, la emisión final promedió los 20,9 puntos de rating.

Por su parte, Colombia comenzó en 2015 con la primera edición del ciclo MasterChef, que llevó a la pantalla el canal de televisión RCN. Y los jueces fueron Paco Roncero, uno de los máximos representantes de la vanguardia culinaria española; Nicolás de Zubiría, chef y socio de los restaurantes colombianos NN y Kong; y Jorge Rausch, dueño de Criterión, quien encabezó por segundo año consecutivo el título a Mejor Restaurante de Colombia en la lista “ Latin America's 50 Best Restaurants”.

En Perú (como en Estados Unidos) el chef local más reconocido a nivel internacional es el conductor del ciclo. Se trata de Gastón Acurio, quien encabeza el reality de cocina que emite América Televisión. Astrid Gutsche, Mitsuharu Tsumara y Renato Peralta son los miembros del jurado.

POCO PROFESIONAL.

El programa, que incluye la presencia y las críticas de chefs profesionales de renombre, también muestra ciertas falencias o errores que serían inadmisibles en una cocina profesional.

En primer término, los cocineros sólo usan delantal; visten ropa de calle y no llevan gorros ni guantes. El cabello suelto prima entre las mujeres. Tampoco se les exige a los concursantes que laven y desinfecten las tablas que utilizan para cortar, por las que desfilan alimentos crudos y cocidos.

Asimismo, como es usual en los formatos de reality show, al momento de evaluar los jueces ponen mucho énfasis en las conductas de los participantes, la historias de vida y en la manera de encarar las relaciones interpersonales, dejando de lado el criterio gastronómico. El ejemplo más contundente se dio en la tercera temporada de Estados Unidos, en la que ganó la concursante no vidente, Christine Ha.

Más allá de las críticas que se le pueda hacer al producto, lo cierto es que profesionales de la talla de Ferran Adrià, Gastón Acurio, Jordi y Joan Roca, Germán Martitegui, Dolli Irigoyen, Narda Lepes, Jean Paul Bondoux, Takehiro Ohno, Martín Berasategui y Juan Mari Arzak estuvieron presentes en alguna versión de MasterChef.

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